Resumen de una tarde en México


Todo empezó cuando eran casi las 2 de la tarde y me encontré en el World Trade Center con Ana, la hermana de una compañera de trabajo. Antes de la comenzar la jornada, fui al hotel que quedaba a media cuadra y recogí mi cámara digital, luego hicimos una diligencia de Ana; ya con todo el animo y tiempo disponible nos dirigimos a el museo de Frida Kahlo, acercándonos al lugar me fijé mucho en las casas que rodeaban el sector, me impresionó muchísimo el colorido, la arquitectura, el ambiente que se sentía al pasar por el frente de esas grandes casas de puertas y ventanas con diseños detallados de un estilo colonial.

Era un día soleado con mucho calor, un día perfecto para estar caminando por esas calles empedradas sombreadas con árboles de vistosos follajes, quería tocar todo como un niño chiquito pero me conforme con retratar cuidadosamente cada cosa en mi memoria en ese momento.



Buscando la calle pude observar a lo lejos ese muro azul del que algún día me hablo la profesora de arte en la secundaria, sentía que mis manos sudaban mientras nos acercábamos a ese lugar que tanto quería conocer desde que tenía 16 años y ahora a mis 27 por fin conseguía ver de cerca. Me baje del carro y trate de discimular mis ansias, pero creo que no lograba controlar toda esa adrenalina que se esparcía (difundió) por mis venas; mi corazón latía cada vez más fuerte y cuando por fin entré, me ocurrió algo extraño, sentía que ya había estado en esa casa varias veces.

Mi corazón dejo de latir fuerte y entró en un estado de calma total. Entré a la casa y mientras observaba lo mismo que todo el mundo quería ver, ese sentimiento de haber estado antes en ese lugar me desconcentraba.Cuando entré a la cocina tuve un deja vu, con la diferencia que en el sueño entraba y tocaba algunos de los objetos de ese lugar. Seguí caminando, leí un par de cartas que le escribieron celebridades, todo ese ambiente fue muy inspirador aunque algo que no me gusto fue que no pude tomar fotos dentro de la casa, en todos los museos que he ido se pueden tomar fotos sin flash, porque en este no? Qué pena, hay cosas que me hubiera gustado detallar con mas calma.

Al salir al jardín trate de retratar lo mejor que podía, ese ambiente de regocijo que se vivía en ese maravilloso lugar.



Caminé por los jardines retratando las cosas que mas llamaron mi atención, al mismo tiempo veía como personas de todas partes apreciaban tan maravilloso museo.

Salimos del museo y nos dirigimos a una plaza de artesanías donde también quedaba una Catedral en el centro de la Colonia. Llegando ya al lugar quise saltar del carro cuando vi una señora indígena sigilosa cosiendo bolsos coloridos en uno de los andenes; le pedí el favor a Ana de detener el carro para retratar a la señora en su oficio de artesana, aliste mi cámara y antes de sacarle unas fotos le pedí el permiso a lo que la señora me dijo: “me puede retratar si me compra algo”. Me causó risa pero era casi un pacto justo, sus artesanías eran cuidadosamente elaboradas y llenas de color como los detalles que decoraban su vestido típico indígena. La retraté un par de veces. Luego se acercó un niño tímido de unos escasos 6 años de edad con una cajita de dulces, habló con la señora, parecían familia y entonces decidí también retratarlo como parte del pacto de compra.



Caminé hacia la plaza y habían decenas de puestos de artesanías, empezaron a salir niños con vestimentas particulares y rostros colmados de infinita inocencia, niños que sin miedo caminaban por la plaza solos mirando alrededor como espectadores bohemios y de un momento a otro desaparecían sin rastro alguno.

Pude apreciar rápidamente algunos actos callejeros y también como la gente aglomerándose alrededor del artista gozaba de ese arte tan puro y simple.

Gocé cada segundo, cada paso que di por ese lugar que para unas personas pueda ser tan simple como una plaza, para mi fue un mundo arte y cultura en su más simple y puro resplandor.

Disminuía el calor, se acercaba el atardecer y nos dirigimos a pagar un trabajo que Ana tenía pendiente antes de las 6 de la tarde. Casi llegando al lugar, pasamos por una calle donde se exhibía una bandera colombiana, observé y era un restaurante colombiano, que mas le podía pedir a ese día que colmar la sed que tenia con un jugo tropical colombiano y poder compartir con Ana algún plato típico de mi país. Sería algo así como un intercambio de culturas.

Parqueamos el carro a dos cuadras del restaurante y atravesamos una cuadra por una plaza de mercado, esto fue algo también sorprendente. Había visto algunas en películas o en las novelas, pero en Colombia que yo sepa no existe algo así o por lo menos no en la cuidad de donde yo soy. Atravesamos la plaza y aproximadamente cada 4 pasos se sentía un aroma diferente, pase por puestos de flores, frutas, carne, comida, vegetales y ramas.

Comimos bandeja paisa la cual sabía mucho más a Colombia que las que he probado aquí en Estados Unidos, jugo de maracuyá, y de postre, leche azada y cuajada con melado, todo estuvo delicioso.



De ahí nos dirigimos al Zócalo y pasamos por El Angel de la Independencia. Ya entrando al Zócalo nos detuvimos en el palacio de Bellas Artes y tomé unas fotografías desde el edificio de SEARS, luego caminamos unas cuadras hasta llegar a centro donde está la catedral metropolitana, el Palacio Nacional y la Plaza de la Constitución en la cual se encontraba un museo temporal. Seguimos caminando y vi las ruinas con una gran explicación por parte de Ana de lo que estaba pasando en ese lugar y como hasta el día de hoy siguen encontrando ruinas debajo de los suelos del Zócalo. Terminamos la jornada en el Centro Cultural de España viendo una exposición de arte moderno digital y una exposición de rostros complejos y abstractos que tenían algo que ver con mi trabajo. Todo ese día terminó con un par de cervezas en la terraza del Centro Cultural de España escuchando música y con unos personajes de vestimentas muy originales y llamativas.



Marzo 8-2008